viernes, 30 de diciembre de 2011

EL POEMA DEL ATLÁNTICO.

El Poema del Atlántico, también conocido como el Poema del Mar,  Es una serie de cuadros realizados entre 1917-1924 (salvo Amanecer del Atlántico, que se realiza en 1913) Son un conjunto de óleos sobre lienzos (técnica sobre caballete) figurativos, colocados en plafones, todos de 126x126 cm. Está dividido en dos grupos de cuatro lienzos cada uno: Los Aspectos del mar (Bajamar, Pleamar, Borrasca y Mar en calma) y las Horas del mar (Amanecer, Mediodía, Atardecer y Noche)  Es la única serie de El Poema de los Elementos que está terminada. Toda la temática esta basada en el océano atlántico, en el mar de Canarias, y constantemente vemos clarísimas alusiones a Las Islas Canarias (en la fauna y la flora sobretodo). Están todos realizados en la plenitud creativa del autor, con el característico estilo modernista, barroquista y preciosista. Tiene, al igual que el poema de la Tierra, una simbología muy característica.


SIMBOLOGÍA DEL POEMA DEL ATLÁNTICO.

Aunque ya hemos hablado de la simbología general del Poema de los Elementos, la simbología del Poema del Atlántico tiene una simbología especial.  Toda la temática gira en torno al mar, al agua (las cuatro horas del mar y los cuatro estados del mar). Simbológicamente, el agua del mar tiene los más diversos significados; la mayoría de ellos relacionados con la fecundidad y la fertilidad. “El agua es el símbolo de la maternidad ya que de ella surgió la primera primigenia. También desde el punto de vista de la Historia de las religiones, el simbolismo acuático es el de “fuente y origen”, es lo primigenio caótico que precede a la emersión de la tierra.”-comenta Saro Alemán. Dado este carácter “fecundo” del simbolismo del agua, podemos identificarlo también con la mujer. Al sol, la luz, podemos identificarlo con el fuego, con lo masculino que, junto con el agua, podría simbolizar la unión de los sexos. Quizás también simbolice el fuego (destrucción) con el agua (creación). Vemos como también el viento está presente, simbolizando-en mi opinión-el cambio, las variaciones del mar (borrasca, mar en calma) la fertilidad y la esterilidad, el carácter de lo femenino…

Por supuesto, este poema pintado presenta la misma simbología que El Poema de los Elementos (los puntos cardinales, las edades, los elementos…) Encierra, además, un dualismo simbólico (día/noche, bajamar/pleamar…)


LAS FIGURAS DEL POEMA DEL ATLÁNTICO Y SU SIMBOLOGÍA

En los ocho óleos que componen El Poema del Atlántico vemos siempre representadas las mismas figuras. Por una parte, tenemos figuras de niños desnudos, en su mayoría rubios. Luego, tenemos peces, de las más variadas especies.

Por una parte, los niños simbolizan el ideal de belleza de Néstor. Según este, sus personajes “parecen reflejar simplemente la dispersa alegría y la incosciente felicidad. Sus almas son transparentes. Alejo de sus rostros las añoranzas del pasado y las inquietudes del porvenir. Viven en la hora presente que es hermosa y quiere sólo que sean griegos. La luz los dora: ellos resolazan perezosamente ungidos por éste ámbar líquido. No se inquietan, no sufren, tal vez no piensan”

Esta “alegre simpleza” de los personajes, esta inocencia,  es reflejada en los niños del poema, son la mayor belleza para el pintor, una belleza que se aleja de lo real, que se expresa en simple y llana alegría como único elemento caracterizador, como un Adán que no ha probado del fruto, inocente en su desconocimiento. Esta inocencia es reflejada mediante unos niños, en ese gusto del autor por las figuras infantiles que podemos ver en cuadros como Epitalamio y en los murales del Teatro Pérz-Galdós. Por supuesto, también simbolizan al hombre; la fuerza viril, el pánico, la sexualidad…Son los rostros, las expresiones de los cuadros, que logran transmitir los sentimientos de cada uno. Estos niños se perfilan como figuras curvilíneas, clara influencia del modernismo. Sólo en Mar en Reposo vemos a dos adultos.

Para la fauna de los cuadros, Néstor estudió los peces que habitan en las costas de Gran canaria, en un acuario, y son una constante referencia  a la tierra del autor. Son fácilmente reconocibles. En palabras del propio Néstor, son “muy tomados del natural los diversos elementos, pero interpretados después con absoluta libertad en la fantasía, porque la mentira es, en muchas ocasiones, infinitamente más bella” Así identificamos un rascacio, un pez globo…

Hay que aclarar que se le da primacía a los peces sobre las figuras de los niños en prácticamente todos los cuadros; pues estos peces simbolizan las fuerzas naturales, son los rostros y la vida del mar, que están acorde con el mismo; cada pez refleja cada aspecto del mar (mar en calma, borrrasca, la noche…) que está ligado a su simbología. (Por ej. En La Noche, las temibles morenas de aspecto fiero, muy peligrosas por sus mordiscos, son perfectas para reflejar el horror y miedo de la noche, de la muerte. )

COLOR, LUZ Y LÍNEA EN EL POEMA DEL ATLÁNTICO.

El color se define en esta serie de óleos como el elemento esencial de las composiciones. Néstor usaba los colores complementarios para crear armonía a través del contraste, valiéndose del espectro cromático mediante pinceladas variadas. En Boca del propio artista, “un rojo entero y un verde entero no pueden armonizar, pero todos los colores se armonizan en el espectro porque la escala completa se gradúa y fusiona”

Empleaba colores puros (gruesos de color para los claros, veladuras en los oscuros) lo que unido a su trabajo con el espectro cromático y el contraste de los colores lograba la espuma de las olas, la bellísima transparencia del agua, los remolinos y contorsiones de la marea… En algunos óleos se abandona el contraste (Noche, Mar en alma…), con un solo color predominante o con variedades de tono, o los dos a la vez.

La luz quede definida en estos lienzos como un elemento básico e imprescindible. Juega también con los contrastes lumínicos (luz y sombra) que definen mucho el cuadro. Vemos, por ejemplo, como en Mar en Reposo una luz muy intensa da una gran transparencia al agua y a los peces, pareciendo que los difumina con el fondo. La luz, saliendo del sol y la luna, se proyecta sobre el mar, creando formas. A través del juego de luz/sombra logra crear esas transparencias tan logradas en el agua por las que es famoso el Poema del Atlántico.

En cuanto a las líneas rectas del poema, sólo podemos que decir una cosa: que no existen. En esa preocupación por captar el movimiento y el “dinamismo orgánico de la naturaleza” siempre prevalece la línea curva y sinuosa, que delinea las figuras. Estas se nos presentan con escorzos y contrapostos que contrasta con la composición frontal de los óleos. La línea curva y la frontalidad nos recuerdan a los modernistas.

Podemos apreciar también una sutil asimetría en las composiciones, además de una tendencia a buscar la diagonal en el cuadro, lo que resalta aún más el contraste entre las líneas curvas.


EL POEMA DEL ATLÁNTICO. ANÁLISIS CUADRO A CUADRO.

LAS HORAS
En estos cuatro lienzos vemos las distintas horas del día (amanecer, mediodía, atardecer y noche). Las cuales tienen un profundo carácter simbólico (Podemos asociarlo mayormente con las etapas de la vida del hombre en su infancia, madurez, vejez y muerte,  pero también con los elementos, con los puntos cardinales, con los estados de ánimo…) Dado su riqueza y particularidad, vamos a proceder con un breve análisis de los elementos particulares más destacado de cada cuadro.


AMANECER DEL ATLÁNTICO. (1913)

 

Este lienzo fue el primero en ser pintado (1912-1913) y por lo tanto, presenta más dependencia estilística, dado que pertenece a la primera etapa simbolista del autor. Esta dependencia podemos fijarla principalmente en Arnold Böcklin.

En este cuadro vemos a tres niños, sobre tres peces, quizás peces pera, nadando en el mar (el número 3 tiene un sentido viril, remarcado en la cúspide por el sol, el fuego, símbolo de lo masculino. Una composición ascendente, prácticamente piramidal, tiene también una simbología característica; el amanecer, la ascención del día, culminado por el brillante sol, que alude al mismo amanecer y que es el foco de la imponente luz que cubre todo el cuadro. Esta luz nos explica la gran transparencia del agua, que cubre la parte inferior del cuadro casi como si de un velo se tratara.

Ante la luz, los niños reaccionan de diferentes maneras: curiosidad (izq) ceguera (centro) y desafío (dcha.) Pareciera como si las curvilíneas formas de los tres niños se entrelazara, centrándose aún más en el foco de luz, acentuando aún más-creo yo- el carácter simbólico sobre la masculinidad naciente y vibrante que respira la obra.


 EL MEDIODÍA (1917-18)


Vemos en este lienzo a dos niños sobre un pez globo. Todos los elementos simbolizan la plenitud de la vida. Los cuerpos de los niños son vibrantes y carnosos, con unos rostros tremendamente expresivos, unas tonalidades muy vivas… La boca del pez simboliza un falo, que penetra las aguas, expresando una dualidad entre el pez (masculino) y las aguas (femenino). En cuanto a la iluminación, se “ha captado una luz cegadora que al herir el mar lo convierte en un espejo”


LA TARDE. (1917-18)


Este cuadro se presenta como una explosión de tonalidades rojas. Un pez rascacio es el motivo central del cuadro, que junto con el niño, salta desesperado, intentando huir del final irremediable; el ciclo vital se acerca a su fin. Capta ese  fugaz instante del cuadro, ese salto huyendo de la noche, del final. Es una obra de un tremendo movimiento y dinamismo, que es seguido por la ola (de la que es muy de apreciar el tratamiento de la transparencia y del encaje del agua) Un gran disco solar se perfila en el fondo. Esta meramente perfilado, alejándose del brillante disco solar de los cuadros anteriores, que proyectaba una luz tremenda. Es una clara simbología alusiva a la virilidad que se va perdiendo en la madurez, del fuego, de la luz que se va apagando hasta llegar a la muerte.



LA NOCHE. (1917-18)


La noche es probablemente el cuadro más peculiar de toda la serie. Representa a la misma muerte, al fin del la luz (del fuego de lo masculino). Está compuesto mediante una bella y compleja sinfonía de azules (mayormente tonos oscuros) Muy destacable la simbología en este lienzo. La luna, que ilumina brevemente la escena, es una clara alegoría a la vida del hombre, que con sus fases aparece y desaparece, que vive y muere, que preside este rito de muerte. El mar, embravecido en los estertores de la muerte, agitándose en su agónico final, se transforma en temibles morenas gigantes, símbolo de la destrucción. Los niños luchan por vivir, con unos rostros desesperados ante la inevitabilidad de la muerte. El de la izquierda lucha por mantenerse en una violenta morena, mientras el de la derecha, ya en el mar, lucha por no ahogarse.

Cabe destacara que era uno de los cuadros favoritos de Néstor, y lo incluyó en el catálogo de la exposición de Madrid de 1924.






LOS ASPECTOS

En estos cuadros vemos los distintos cambios periódicos del nivel del mar. Es posible que refuercen los cuadros de las Horas, añadiendo otros aspectos a los mismos temas, o bien presentar diversos estados de ánimo.


BAJAMAR. (1921-23)


Dado la mayor representación de la tierra firme, este cuadro se hace más difícil de analizar en cuanto a su simbología. Tal vez sea una alegoría a la madre tierra, o quizás refuerce la idea del amanecer, como podemos observar en los niños, que se despiertan entre los corales. Quizás sea una dualidad simbológica Mar-Tierra, relacionándolo con lo femenino-masculino.

Destacan la riqueza de las pinceladas sinuosas y puntillistas. Este es el cuadro más colorido de todo el Poema del Atlántico, como reafirma el colorido de los peces guelde. La transparencia del mar es prácticamente total; casi pareciera que los peces nadan en el aire. Puede que esto se deba a que, para pintar el cuadro, Néstor se valió de un cristal para observar los arrecifes de las Canteras. Todo el cuadro respira una gran calma y placidez.


PLEAMAR (1921-23)

Una gran sama  desborda y domina todo el lienzo, y es el principal elemento que da color al óleo. Las líneas curvas, muy presentes en el mar, nos recuerdan al modernismo, al igual que la clara influencia del arte japonés (La forma de pintar el mar, la sama que aparece prácticamente de perfil, etc.) de los ukiyo-e que tanta influencia tuvieron en los artistas decimonónicos Este cuadro es una explosión de vitalidad, un arranque de fuerza; es una obra que contiene un dinamismo estremecedor.
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BORRASCA (1921-23)



La composición del cuadro se presenta como un gran torbellino que ocupa la totalidad del lienzo. Unas pescadillas se entremezclan entre los niños de forma caótica y descontrolada. Se trata de una situación angustiosa (¿Un paralelismo con La Tarde?) que puede llevar al fin trágico. Quizás una simbología a lo caótico de la vida.

Son los colores verdes los que priman en este cuadro, unas tonalidades angustiosas, de tonos “enfermizos”, que aumenta la sensación de desesperación.










MAR EN REPOSO (1921-23)



Éste es el último cuadro de la serie. Basado en composiciones triangulares, es el único cuadro que tiene figuras de hombres adultos. De hecho, Gustavo Durán le sirvió de modelo. Una atmósfera irreal a base de tonalidades claras enmarca esta escena llena de poesía. El mar es totalmente invisible y se funde con el fondo; las figuras parecen que van a la deriva, como si estuvieran flotando en el aire.

Vemos una alusión al sueño eterno (pudiera ser otra visión de la muerte, o lo que queda tras el paso de esta, la más absoluta paz) Cabe destacar una  más que probable simbología cristiana, pues los jóvenes, flotando en el mar, como si estuvieran muertos, están dispuestos en forma de cruz.

EL POEMA DE LOS ELEMENTOS



Entre 1913 y 1924, Néstor de la Torre realiza dos series de cuadros, Poema del Atlántico y el inconcluso Poema de la Tierra. Estas dos series, junto con el Poema del Fuego y Poema del Viento, que sólo podemos llegar a imaginar, pues ni siquiera fueron empezadas, formarían la serie de cuadros denominada El Poema de los Elementos.  El Poema de los Elementos tenía (y tiene) una fuerte simbolización. Las cuatro estaciones, las cuatro horas del día, las etapas del hombre, los cuatro elementos, los cuatro puntos cardinales, los estados anímicos… Para Néstor, este poema pictórico debía estar incluido en un gran recinto, construido con el único fin de albergar estos cuadros. Este edificio debe estar “construido en una cima sobre el mar y sonoro a vientos y caldeado al sol” Para reunir los cuatro elementos en el propio emplazamiento, redundando así la simbología. Este “templo pictórico” debía tener una capilla bizantina rematado por una cúpula, de fuerte carácter simbólico (quizás una alegoría al cosmos, que el Poema de los Elementos  pretende poetizar abarcando los cuatro elementos que lo componen) Cuando termina el Poema del Mar, el pintor canario concibe un nombre para el edificio: El Palacio del Atlántico. Su Hermano, Miguel Martín-Fernández de la Torre, construiría el Museo Néstor en consonancia (más o menos) con esa idea que tenía el pintor sobre este palacio de la pintura.

 No es casualidad que esta serie lamentablemente inconclusa de cuadros se llame Poema. Tampoco lo es el hecho de un recinto donde guardarlas. Todas estas ideas cumplen con el ideal estético de Néstor de la unidad de las artes, de un “arte global”.  Cada cuadro es una estrofa, un poema pintado, en un entorno arquitectónico acorde con la obra; se aúnan así pintura, poesía y arquitectura.